En la localidad de Luján, a 67 km de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y a unos pocos metros de la basílica, está uno de los basurales a cielo abierto más grandes de Argentina y que se suma a los 5000 basurales a cielo abierto que existen en el país. “La quema”, así se llama, es un predio municipal de 12 hectáreas que existe hace 50 años a donde llegan, sin un tratamiento previo, aproximadamente, 120 toneladas de basura por día. Allí, se producen incendios con frecuencia por la acumulación tóxica que generan los desechos, por eso su nombre. En las montañas de residuos acumuladas trabajan para ganarse el sustento unas 200 familias, según el último censo que realizó el municipio de esta misma localidad en el año 2021. El 33% son mujeres que se acercan- principalmente- a buscar comida y ropa para sus hijos. Pero también hay un 20% de recicladores que tienen menos de 18 años y que encuentran allí una salida laboral. Esta situación se vio agravada durante la pandemia, ya que muchos trabajadores de la economía popular quedaron excluidos de sus puestos de trabajo por el aislamiento social (albañiles, ayudantes, empleadas domésticas, vendedores ambulantes, etc.). Pero también es una profesión que tanto hombres como mujeres pasaron a sus hijos de generación en generación. La desigualdad constante. Capitalismo. Que muchos no tienen nada y poquitísimos tienen mucho. Hace varios años quieren convertirlo en una planta recicladora y crear un centro ambiental para que las y los recicladores urbanos trabajen en condiciones dignas. Este proyecto, financiado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), está pronto a concretarse según las autoridades municipales de Luján. El proyecto de planta de reciclaje, presentado al BID estipula la recepción de 90 toneladas diarias de las cuales podrían recuperarse hasta 32. Esto significaría mejores condiciones laborales para las personas que trabajan allí cada día de sus vidas, pero uno de los grandes temores que muchos de les recicladores tienen es que el sueldo fijo que les pague el Municipio, si la planta se abre, no les alcance para vivir.